lunes, 2 de mayo de 2011

UNA ARRACADA ISLÁMICA EN CÓRDOBA

Desde hace dos mil años, la ciudad de Córdoba (España) ha ejercido la capitalidad de dos grandes circunscripciones político-administrativas de la Península Ibérica. A lo largo del siglo I fue capital de la provincia Baetica. A lo largo del siglo X fue capital del Califato de Al-Andalus que organizaba la mayor parte (y la más desarrollada culturalmente) de todo el territorio peninsular.

Se puede afirmar que cada mil años Córdoba ha sido una de las urbes de mayor prestigio del territorio hispano. Las fases de decadencia vinieron después y también deberíamos esperar que a la altura del calendario en que estamos, de nuevo le toca asumir ese protagonismo. Así pues, que se pongan las pilas los responsables de que ello sea así.

Consecuentemente con esta historia de dos mil años, más la secuencia anterior, la ciudad ha acumulado un patrimonio que se hace merecedor de un reconocimiento internacional y ha generado un subsuelo arqueológico de una riqueza singular. Bajo la rasante de la ciudad actual se acumula una arqueología oculta que asoma al ritmo de las construcciones y que no siempre ha sido ni respetado ni bien estudiado.

Todo el término municipal de Córdoba cuenta con cautela arqueológica y un gran número de profesionales de la arqueología se encargan de llevar a cabo, seguimientos de movimientos de tierras o actividades de urgencia o preventivas, antes de acometer obra alguna que implique ocupación de subsuelo.

En una de las múltiples intervenciones de urgencia que se realizan en Córdoba de forma consuetudinaria tuve la fortuna de hallar una pieza excepcional de orfebrería islámica, concretamente una arracada de filigrana de oro cuya decoración, de inspiración arquitectónica, carece de precedentes entre el conjunto de piezas similares en Al-andalus.

La pieza en cuestión es ésta:






Descripción de la pieza:
Se trata de un alambre de oro de 22 quilates, según el análisis efectuado en el taller de joyería de don Antonio López, que se daba la circunstancia de que era copropietario del solar donde se produjo el hallazgo.
Su peso es de 4.06 gr. De forma circular, con una leve deformidad producida por el uso o por las condiciones del traslado al punto de hallazgo. Tiene un diámetro máximo de 3.5 cm. y otro mínimo de 3.3 cm. El grueso del alambre es de 1 mm., que se va estrechando hacia los extremos donde está abierto para permitir su colocación en la oreja y con las dos puntas incurvadas como mecanismo de cierre.
En el interior de esta circunferencia, ocupando un espacio algo inferior a los dos tercios del círculo y fijada mediante microsoldaduras, se inscribe una filigrana inspirada a todas luces en la arquitectura de la Mezquita Aljama de Córdoba. Su esquema es el siguiente:
La mitad inferior del círculo contiene una sucesión de tres arcos de herradura, calados, cuyo dovelaje está representado por diez circulitos en cada caso. El trazo de los arcos está formado por una línea de dibujo espicatiforme, que es el mismo motivo que se continúa en los dos capiteles esquematizados que sirven de soporte a la arcada. Los capiteles están formados por dos semicírculos que se prolongan hacia abajo en sendos triángulos curvilíneos. El arranque de los arcos se resuelve en forma curva, cerrándose sobre sí mismos en una ultrasemicircunferencia  que tiende a la espiral.


Detalle de la filigrana

El interior de los capiteles estáocupado por los mismos circulitos que los arcos, formando una especie de celosía, y es en uno de ellos donde se aprecia casi el único daño que ha sufrido la joya a la que falta uno de los semicírculos. Entre ambos soportes, otro triángulo curvo, unido por el interior del arco, contiene el mismo tema de los circulitos, en número de cuatro y medio, uno de los cuales ha sido calado.

Las enjutas de los arquillos están ocupadas por motivos trebolados constituidos por circulitos en número de tres, excepto en uno de los extremos que sólo tiene dos, probablemente por pérdida del tercero.
Sobre este esquema hay un friso formado por dos hileras que reproducen las mismas espigas que los arcos y entre ambas un alambre finísimo que se va curvando para dibujar una traza en forma de celosía que se asemeja a una sucesión de corazones alternativamente hacia arriba y hacia abajo.

Por último, coronando todo este esquema, una serie de quince triángulos formados por grupos de seis bolitas que imitan a las claras los merlones de la Mezquita.
Por el exterio del aro principal, dos óvalos a ambos lados del friso y en la parte inferior de la pieza una alternancia de tres círculos y seis merlones idénticos a los de arriba. Óvalos y círculos que probablemente estuvieran destinados a recibir colgantes que completarían la belleza de la pieza y que justifican precisamente su denominación de "arracada".

La conservación de este pendiente puede considerarse excepcional, siendo mínimas las partes dañadas. El leve oscurecimiento que presentaba en algunas zonas ha sido limpiado bajo la responsabilidad del Museo Arqueológico de Córdoba donde e encuentra la pieza expuesta entre el par de arracadas del cortijo de la Mora, de Lucena.

Antes de su entrega al museo, expertos actuales en joyería en general y en filigrana en particular, reunidos en el taller de don Antonio López, expresaron su admiración unánime por la calidad de la pieza, que fue elaborada uniendo uno a uno los diversos elementos que la componen, de acuerdo con una técnica de soldadura que se ha perpetuado en el tiempo y que tiene en este objeto su primer capítulo, empleando un utillaje de precisión que no debió diferir mucho del que  siguen empleando los actuales orfebres cordobeses.


Lugar y circunstancias del hallazgo.

En una excavación de urgencia que llevé a cabo en el barrio de la Huerta de la Reina, de Córdoba, en un solar propiedad de la empresa Proanjol entre las calles Pintor Palomino y Joaquín Sama Naharro (antes Polifemo), más cerca de esta última.

La excavación en su conjunto estaba resultando carente de interés hasta que apareció la arracada en el seno de una unidad estratigráfica formada por sedimento arcilloso grisáceo de aporte antrópico y tuvo lugar el día 17-10-03 a una cota de 2 m.bajo la rasante de la calle, lo que equivale a una cota absoluta de 122.095 m. sn.n.m.


Posición estratigráfica de la arracada en la U.E. 15, a 2 m. de profundidad.

El hallazgo fue la consecuencia de una excavación "fina" en una tierra que no presentaba dudas de que había sido llevada desde algún otro lugar de la ciudad. Ni la ausencia de cualquier estructura arquitectónica asociada ni las características geológicas del relleno estratigráfico justificaban la presencia de un objeto de tan singular valor.

Se procedió al cribado de toda la tierra y a la aplicación de detector de metales y no se consiguió localizar la pareja de la arracada, lo que es una evidencia más de que se trataba de un objeto arrojado entre un registro arqueológico de épocas emiral-califal.

El contexto arqueológico.

Junto con la arracada fueron acarreados al lugar del hallazgo una serie de materiales fundamentalmente cerámicos, muy rodados, sumamente comunes en todos los contextos cordobeses cuando se excavan estratos altomedievales. En general se trataba de la consabida cerámica arcillosa, con o sin aplicación de pintura, cerámica vidriada y la siempre presente con decoración en "verde y manganeso".

Estos materiales aparecieron tanto en la unidad estratigráfica en que se localizó la arracada como en el resto de las unidades sedimentarias asociadas, componiendo un repertorio relativamente extenso y de variada tipología que define por sí mismo el acervo general de los estratos emirales-califales de la ciudad.
Prescindiré de excesivos análisis tipológicos y de la fijación de paralelos que están en lo más común dentro del ambiente de la Córdoba omeya. Se localizaron las características jarras de cuello vertical, de cuerpo ovoide y labio engrosado, redomas, cerámica de cocina (cazuelas, anafes, ollas y tapaderas), candiles de piquera, botellas, ollitas, cangilones y jarras y vasos de diversas formas. Un conjunto muy estereotipado en la arqueología cordobesa que para evitar descripciones farragosas me limitaré a ofrecer mediante tipologías y fotos:











Junto con la cerámica aparecieron tres feluses emirales en muy mal estado aunque uno de ellos fue posible limpiarlo e identificarlo como perteneciente a Abd al-Rahman II:



Felús de Abd al-Rahman II, segun la expertización del Sr. Frochoso, especialista en la materia.



La inspiración del orfebre en la arquitectura de la Mezquita Aljama de Córdoba.
Un sistema de arcos de herradura rematado por arriba con merlones escalonados como el que presenta esta joya y apeados en unos soportes que son un esquematización de capiteles, suponen un esquema que podría haber encontrado su fuente de inspiración en cualquier espacio de la gran mezquita cordobesa e incluso en el ámbito general de la arquitectura que el Islam levantó dentro y fuera de la capital de Al-Andalus durante la dinstía Omeya. Hubiera bastado con que el orífice, tomando de aquí y allí, realizara una obra sincrética como composición uniforme de los elementos que las mezquitas andalusíes presentaban en distintos planos de su arquitectura.

El arco de herradura, junto con el de medio punto, sn las únicas soluciones de soporte que la Mezquita de Córdoba presentaba hasta la ampliación de Al-Hakam II, que se inicia nada más comenzar su reinado tras la muerte de Abd al-Rahman III en 961. Es en esa década del siglo X durante la que se realiza la parte más llamativa de la Aljama cordobesa en cuya arquitectura interior aparecen las primeras inscripciones alusivas a la ampliación entre 965 y 971 y se incorporan nuevos elementos decorativos y estructurales, como son los arcos lobulados que llenan los espacios más bellos del conjunto, desde la maqsura al mihrab. Innovaciones arquitectónicas que se habían ensaydo en  Medina Azahara (entre la ingente bibliografía que se ha venido ocupando de este tema me inclino por la obra magna de Nieto Cumplido sobre la "Catedral de Córdoba", de fácil acceso).

La incorporación de la arquería lobulada, del  placaje de ataurique o de epigrafía cúfica y, sobre todo, los mosaicos del mihrab en los que se utilizan precisamente teselas doradas son elementos de un programa decorativo que tenían que haber llamado poderosamente la atención de un orfebre que se disponía a hacer una joya inspirada en la arquitectura de un edificio que ejercía una influencia decisiva en lo político y en lo religioso sobre la población de Córdoba, desde que se puso su primera piedra en agosto de 786.

Sin embargo no son éstos los elementos que encontramos en la arracada. Su artífice escogió un esquema que es compatible con cualquier momento del desarrollo del edificio y lo incorporó adaptándolo a la estética de la orfebrería y a un material tan dúctil como es el oro. Se diría que el autor no alcanzó a ver la ampliación de Al-Hakam II, simplemente porque aún no estaba hecha.

Con estos supuestos estoy proponiendo una fecha de elaboración de la arracada anterior al reinado de este califa (961-976) que no es incompatible con el registro arqueológico recuperado, incluso aunque algunos materiales sean de finales del Califato. Sobre todo cuando se trata de material de acarreo que puede presentar una gran diacronía interna.

Los dos soportes de los arcos son una solución creativa del orfebre que no encaja con exactitud en ningún elemento arquitectónico concreto. Son una esquematización que pudiera dimanar con cualquiera de los capiteles de las serie romana o visigoda de las primeras partes de la Mezquita de los siglos VIII y IX (partes de Abd al-Rahman I y II). Los semicírculos laterales corresopnderían a la interpretación de las volutas de alguno de la serie jónica y el triángulo curvilíneo inferior sería la canastilla del capitel propiamente dicho.

Pero a su vez estos elementos tienen cierta similitud con un tema de tanta repercusión en el arte como es la "flor de lis", que encntramos más nítida en otras arracadas califales y que es un motivo que según la información del Sr. Frochoso se incorpora al arte musulmán el año 336 de la Hégira, precisamente el mismo año en que entra en funcionamiento la ceca de Medina Azahara. Y desde esta apreciación, los capiteles de la arracada serían un recurso del orfebre que, sin perder de vista la arquitectura de la Mezquita, la sincretiza con un tema de moda en el arte de su tiempo.

En cualquier caso, podemos especular sobre la cronología de fabricación de la joya basándonos exclusivamente en criterios estiliticos  en comparaciones con una u otra de las zonas de la repetitiva arquitectura de la Mezquita Aljama, anteriores a la ampliación de Al-Hakan II. Se trataría de fechar la pieza por sí misma, independientemente del contexto que le acompaña. Invirtiendo el proceso normal y siendo la joya la que otrogara una cronología a su contexto arqueológico.

Pero al contrario de lo que ha ocurrido en la mayoría de los hallazgos de orfebrería, en  la arqueología, en general, y en la andalusí, en particular, que casi siempre han aflorado en circunstancias fortuitas, y en las últimas décadas por la labor incontrolada de los "piteros", la arracada de la Huerta de la Reina ha aparecido en el transcurso de una excavación controlada, con una posición exacta y acompañada de un contexto arqueológico, a pesar de las dificultades de encaje en una cronología absoluta que dicho contexto presenta. Reivindico estas circunstancias que sin duda otorgan un valor añadido a esta joya, en contraposición con la mayoría de los hallazgos de su género.

Plantearé dos hipótesis histórico-arqueológicas, referidas a las causas que motivaron al orfebre a elaborar una joya que supone un esquema de la arquitectura de la Mezquita, aun consciente de lo discutible que estas hipótesis puedan resultar.

Como es sabido, el templo islámico de Córdoba se construye a lo largo de más de dos siglos, a partir de la fundación emiral de Abd al-Rahman I (agosto de 786 a junio de 787). A partir de este primer momento se crea un esquema arquitectónico que va a durar durante todo el proceso posterior, que irá repitiendo el esquema y cuyas innovaciones más destacables son la construcción del alminar de Abd al-Rahman III, que crea un modelo de torre que se va a repetir en otras mezquitas andalusíes y magrebíes, y las grandes aportaciones de Al.Hakan II, que afectan al interior en lo estructural y en lo decorativo.

Pues bien, entre uno y otro momento la Mezquita sirvió de inspiración al orífice cordobés que recibió el encargo de algún alto dignatario de la corte o de un representante de la oligarquía económica que querría congraciarse con el emir o el califa, haciendo representar en esta joya el templo que simbolizaba el poder político y religioso del Islam y el nuevo orden establecido por los Omeyas.



Hipótesis emiral.


Por las circunstancias que fueren (convicción religiosa o para pagar menos impuestos) durante el emirato de Abd al-Rahman II (792-852) la pobación musulmana de Córdoba había aumentado hasta el punto de haberse quedado pequeña la primera parte de la Mezquita que había sido levantada por el fundador de la dinastía.

La intencionalidad de los Omeyas al emplear materiales de acarreo en la construcción de la primera y segunda parte del templo no obedeció tanto a la inexistencia de talleres de escultores en la Córdoba de los siglos VIII y IX sino al propósito del emir de sojuzgar las discrepancias de la oligarquía muladí, haciéndoles pasar por unos arcos que recordaban las estructuras del "viejo régimen" y ahora se incorporaban al edificio más representativo del nuevo orden. Argumento oído al profesor Valdés Fernández en varias conferencias en Córdoba y que ha tenido como base las excavaciones del aljibe Omeya de Mérida. Sería la obligación de tener que aceptar la nueva administración establecida en Al-andalus.

Bajo esta hipótesis, planteo la posibilidad de que aún durante el reinado de Abd al-Rahman II, alguno de los recién incorporados a la religión islámica, con la "fe del converso", quisiera emular en el adorno personal de alguna de sus mujeres el edificio que significaba el Islam expansivo y que acababa de ponerse de moda tras una ampliación que, aunque siguiendo el esquema de la parte fundacional, casi duplicaba su superficie. Y ello con el propósito de hacer pública confesión de su adhesión a la fe islámica y al poder político que la sustentaba.

Prescindo de apuntar en apoyo de esta hipótesis el hecho de que junto a la arracada apareciera numismática de esta época puesto que tratándose de tierra aportada y con un registro emiral-califal, la prueba arqueológica pierde valor.



Hipótesis califal.

La elección de tres arcos y la superposición a los mismos de una hilera de merlones, que además presentan aspecto escalonado, es una solución decorativa que, aunque como he venido indicando, puede ser una composición sincrética de la arquitectura interior y exterior del edificio, reproduce el desarrollo vertical del alminar de Abd al-Rahman III cuya construcción finaliza en octubre de 952. El espacio intermedio en que se sustituyen los sillares del muro por una franja de filigrana es simplemente la aportación del artista para dotar a su obra de una mayor belleza que lo que sería la sobriedad de un paramento de piedra, que además estaría cubierto de enfoscado como el resto del edificio.




Dibujo del alminr de Abd al-Rahman III y detalle de la arcada oriental, realizado por don Félix Hernández




En el riguroso estudio que hizo don Félix Hernández sobre el alminar de Abd al-Rahman III se plantean propuestas sobre la arquitectura de esta torre que cuado Hernán Ruiz III la envolvió en la fábrica barroca que hoy tenemos delante dejó de ser visible desde el exterior y prácticamente desde el interior, hasta que se ha recuperado tras una restauración que ha puesto al descubierto, entre otras partes, los triples arquillos de herradura de la fachada oriental en los que parece advertirse la influencia sobre la arracada de la Huerta de la Reina.



Vista interior de la triple ventana del alminar de Abd al-Rahman III que pudo servir de inspiración para la elaboración de la arracada




Y al igual que en el friso en que apoyan los merlones, también en los elementos de sustento de los arcos el orfebre hace su aportación personal para embellecer la joya, sustituyendo las columnas por un tema que se asemeja de lejos a la flor de lis aunue de pétalos muy curvos, sobre todo en los laterales, como si también en ellos quisiera traer a escena los arcos de la Mezquita.

En el libro de don Félix Hernández sobre el alminar se contienen otros ejemplos de alminares andausíes que también pudieron inspirar obras como la presente. Tiene merlones el aminar del convento de Santa Clara y tiene arcos de herradura geminados el de San Juan de los Caballeros. Pero la fuente de inspiración básica fue la Mezquita Aljama. Por ello, cualquier intento de identificar la decoración de la arracada de Córdoba con la arquitectura de otro edificio, coetáneo o anterior, puede ser inútil.

La inspiración de este esquema decorativo precisamente en el templo más representativo de todo Al-andalus, en el momento de su máximo apogeo en Occidente, no debió ser un hecho inocente. Detrás de la pura labor del orífice debió existir toda una intencionalidad política y religiosa, que en el caso del Islam son prácticamente la misma cosa. La arracada debe transmitir todo un mensaje de símbolos. Pero, independientemente de las valoraciones que se hagan, me basta la reflexión de que la elección precisamente del alminar como modelo encaja a esta pieza en un arte aulico o al menos de identificación con el poder establecido, en unos momentos en que la dinastía Omeya se había hecho con el control no sólo político sino religioso de todo el Islam occidental. Su propietaria debió formar parte de la corte del primer califa y su decisión de llevar consigo el símbolo más visible de una religión oficializada por quien acababa de proclamarse "Príncipe de los creyentes" no debió ser casual. Más bien respondería a un deseo de identificación con el poder que ostentaba el califa y que simbolizaba la torre de la Mezquita.

Como dice Vallejo Triano "La torre de la mezquita desde donde el almuédano (muaddin) llamaba a la oración expresó la presencia del Islam en la localidad y terminó convirtiéndose en el símbolo del Islam triunfante".


La arracada de Córdoba en el contexto de la orfebrería andalusí.

A pesar del esfuerzo realizado durante la excavación por localizar la pieza gemela, no se pudo lograr. Y ello porque su deposición debió tratarse de una pérdida y un traslado posterior. Aun así, no cabe duda de que estamos ante un caso único, sin paralelos exactos, que sepamos, en el conjunto de la orfebrería de época andalusí y uno de los primeros ejemplares, si no el primero, en los que arranca la tan arraigada tradición de la joyería de filigrana cordobesa.

Para encajar este objeto en el ámbito de lo que han dado de sí hallazgos semejantes acaecidos dentro de las fronteras de Al-Andalus, realizaré un sucinto recorrido por lo que se conoce, que es más bien escaso:

El Museo Arqueológico de Córdoba guarda desde hace varias décadas el tesorillo del Cortijo de la Mora, situado entre los términos de Lucena, Cabra y Benamejí, que contiene un par de arracadas de filigrana en doble lámina con decoración "en figura semicircular con adornos calados en forma de semicírculos y flores de lis", que han sido consideradas como las piezas más valiosas del conjunto "y también las más importantes que se conservan de la orfebrría musulmana española", fechadas en época califal como todo el lote, siguiendo la descripción y valoración que hizo en su día don Dionisio Ortiz Juárez.



Las arracadas del Cortijo de la Mora que actualmente están expuestas en el Museo Arqueológico de Córdoba junto a la de la Huerta de la Reina


Tanto estos pendientes como la arracada de la calle Joaquín Sama Naharro están labrados con un filigrana que guarda similitudes entre sí y que en ambos casos aparecen flores de lis, si bien en los del Cortijo de la Mora son más inconfundibles que en el caso de las de Córdoba cuyas redondeces disimulan la forma que  parece más bien una simple inspiración en un tema de tanta trascendencia en el arte.

Siguiendo con la comparación entre los arcos representados por los orfebres de Córdoba y los de la Mezquita Aljama, los tres semicírculos que contienen las arracadas lucentinas bien podrían asimilarse a cualquiera de las arquerías lobuladas de la ampliación de Al-Hakan II. Y bajo esta suposición se distanciaría más o menos una década de la cronología califal entre ambas joyas y más de un siglo de la hipótesis emiral, pero estaríamos ante casos similares de utilización simbólica de la arquitectura Omeya en el adorno personal y es evidente la similitud en la ejecución.

Pero proponer el mismo autor o taller para ambas joyas plantea problemas de encaje cronológico puesto que las arcadas que presentan los pendientes del Cortijo de la Mora serían de la época de Al-Hakan II mientras que la arracada cordobesa sería anterior, según las hipótesis expuestas. Pero en cualquier caso es evidente que estamos ante casos idénticos del mismo arte.

En la exposición que se celebró en Córdoba sobre "El esplendor de los Omeyas cordobeses"  tuvimos ocasión de observar lo más saliente de la orfebrería andalusí del siglo X, aunque no estuvieron precisamente los pendientes anteriores. Para un breve análisis de lo que se puede relacionar entre lo expuesto en aquella exposición y la orfebrería que nos ocupa, parto del contenido del catálogo y pongo entre comillas los fragmentos del texto que utilizo literalmente.

Tesoro de Charilla.

Se considera "muy interesante para estudiar la orfebrería andalusí pues como ya se ha puesto de manifiesto son pocas las conservadas de aquellos momentos. Es además un conjunto fechado de manera muy precisa por las monedas en él existentes entre el 944 y el 947 d. C."

El contenido de este tesoro se cifra en una diadema, placas rectangulares, brácteas circulares, anillos, etc., elaborados con la técnica del repujado de oro batido con cabujones y algo de filigrana, así como piezas de pasta vítrea. Pero no contiene arracadas, ni el tipo de filigrana es tan menuda como la pieza de Córdoba.

Tesoro de Garrucha (Almería).

Fechado entre los siglos X y XI, contiene una pareja de brazaletes, una ajorca y un fragmento de collar. Fabricado en chapa de escaso grosor, carece de arracadas y de la filigrana menuda de la pieza que nos ocupa.

Tesoro de Loja (Granada).

De los siglos X-XI, alguna de sus piezas tiene decoración calada, concretamente una bráctea en forma de estrella de nueve puntas, considerada como el elemento más espectacular del tesoro cuya "filigrana es característica de la orfebrería española", como afirma Zozaya. Y esa característica es precisamente lo que guarda una identidad formal con los calados de la arracada cordobesa.

Tesoro de Ermita Nueva (Alcalá la Real).

Del siglo X, se considera como "uno de los más interesantes de la joyería de época califal". contiene monedas de todos los califas y "destacan la pareja de pendientes con vara curva para colgar, con cierre de gancho; la parte inferior está compuesta por una plancha calada con filigrana que enmarca tres rombos de hilo dorado. Todo ello superado por una banda dorada en la que se han fijado siete hemiesferas gallonadas a cada lado sobre las que se alinea una secuencia de catorce pirámides de quince globulillos cada una". Y es precisamente en esos globulillos donde encontramos una cierta semejanza con los puntitos que forman los merlones de la arracada cordobesa.

Esto por lo que se refiere al contenido de la exposición "El esplendor de los Omeyas cordobeses", donde se supone que se expuso lo más florido del arte de la época. Pero encontramos alguna otra información sobre la orfebrería andalusí, que ciertamente es escasa. Según Pérez Higuera "también de época califal son el lote de la Col. Walters, en Baltimore (USA), fechado a fines del s. X o comienzos del XI, y los procedentes de Loja y Garrucha (ya mencionados en la exposición de los Omeyas) conservados en el Instituto Valencia de Don Juan en Madrid. Todos los conjuntos muestran un buen trabajo en repujado y filigrana, y las formas permiten diferenciar la pervivencia de la tradición visigoda, como en el caso de los pendientes de Lorca, de la más generalizada influencia fatimí que se manifiesta en las joyas de la Col. Walkers".

Otras arracadas de la primra mitad del siglo X con epigrafía y triángulos de bolitas en la parte inferior las encontramos en el Museo Metropolitano de Nueva York y, como epílogo, las arracadas almohades de Mallorca, labradas en plancha de oro calada, que no tienen mucho que ver desde el punto de vista artístico con la de Córdoba.

***

El recorrido anterior por la orfebrería andalusí nos permite intuir similitudes entre la pieza de la Huerta de la Reina de Córdoba y otros hallazgos de época Omeya, pero excluye hasta ahora precisamente a la capital del Califato del mapa de dispersión de los hallazgos, siendo por pura lógica Córdoba el centro de gravedad donde se sustentaría toda una creación artística de orfebres cuya producción irradiaría en Al-Andalus y fuera de Al-Andalus, al igual que en otras manifestacions del arte de la época, y que se ha perpetuado hasta la actualidad.

Esta manifestación de la orfebrería se muestra en la joya cordobesa en su grado de madurez, con una tecnología que refleja no una etapa de iniciación sino más bien el resultado de un proceso de elaboración y no puede entenderse, como en tantos otros referentes del arte islámico, al margen de la influencia bizantina.



CONCLUSIÓN Y PROPUESTA

Desde el momento de la aparición de esta arracada, dos metros bajo la calle Joaquín Sama Naharro de Córdoba, tuve plena conciencia de que nos hallábamos ante una pieza excepcional y sobre todo la emoción de que tenía en mis manos una síntesis de Córdoba en su historia y en su arte. Que esta joya podía unir el pasado de la Mezquita con el presente que cada día nos ofrecen los orfebres de la ciudad, que saben hacer la filigrana como se hacía en tiempos del Califato. Que a pesar de sus mil años de existencia estábamos ante un objeto que sincretizaba la intemporalidad de esta Córdoba milenaria que tanto amamos.

Por estas únicas razones pensé que bien podría ser un símbolo más de cuantos tiene la ciudad y por estas únicas razones abrigué la ilusión de que pudiera ser asumida como logotipo de la capitalidad cultural, si es que la conseguimos. Sobre todo teniendo en cuenta que muchos de los símbolos de Córdoba están bastante gastados de tanto usarse y esta pieza acababa de salir.

Y con este bagaje argumental me dirigí personalmente a lo más conspicuo de la política local. Entregué fotos de la arracada a algunas personas y les expuse éstas o parecidas razones. Estoy esperando la respuesta.




1 comentario:

  1. Gracias y enhorabuena por la creación de éste espacio dedicado a la sabiduria, el conocimiento y la cultura. Sigue como hasta ahora, tienes mucho que enseñar y nosotros mucho por aprender! Un amigo

    ResponderEliminar